En tanto los opioides se utilizan en la clínica de manera primaria por sus propiedades de alivio del dolor, éstos originan muchísimos de otros efectos. Tal hecho no sorprendente en vista de la amplia distribución de los opioides y sus receptores, tanto en el encéfalo como en la periferia.
Las dosis altas de opioides pueden producir rigidez muscular en seres humanos. Durante anestesia con fentanilo, alfentanilo, remifentanilo y sufentanilo, se observa con cierta frecuencia rigidez de la pared torácica cuya gravedad basta para alterar la respiración.
Los opioides y los péptidos endógenos causan catalepsia, ambulación en círculos, y comportamiento estereotípico en ratas y otros animales. Estos alteran el punto del equilibrio de los mecanismos hipotalámicos reguladores del calor, de modo que la temperatura suele disminuir un poco. Sin embargo, una dosificación alta a largo plazo puede incrementar la temperatura corporal.
La morfina actúa al nivel del hipotálamo, con inhibición de la liberación de la hormona liberadora de gonadotropina y hormona liberadora de corticotropina, con lo que disminuye las concentraciones circulantes de hormonas leutinizantes.



